Misceláneo Total
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Bold Robin Hood and his outlaw band, their famous exploits in Sherwood Forest. Penned and pictured by Louis Rhead (1912)

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Lightsabers could become reality after incredible physics breakthroughScientists have learned how to make photons bind together to form ‘solid light,’ a technology similar to that used in lightsabers from the ‘Star Wars’ movies.

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Interactive NASA tool reveals new perspectives on EarthThe Mapping Our World tool allows users to chart changes in the Earth’s geography, monitor ocean salinity and track urban growth.

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The lonely bottle. A ‘sad story’.

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Un día…

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Wheels of life.
La metamorfosis del ‘Piojo’.

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'Keep calm, Popo!' ( #Alucine)

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Don’t worry, be happy!

Don’t worry, be happy!

Keep calm and…

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Sweet Caroline - Neil Diamond

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Check out these gorgeous photos of waves.
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Caught on camera: Pets eating people food
Sometimes our furry and feathered friends like to expand their palates to our plates — whether we give them permission or not. Check out these adorable photos of pets getting their paws, beaks and tongues on people food.

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Caught on camera: Pets eating people food

Sometimes our furry and feathered friends like to expand their palates to our plates — whether we give them permission or not. Check out these adorable photos of pets getting their paws, beaks and tongues on people food.

Golpe al corazón; efectos colaterales

Hola a todos. Por primera vez en mucho tiempo, escribiré un texto en primera persona del singular debido a un asunto que estremeció lo más profundo de mi ser y el cual quiero compartir con todos ustedes.

 

El 15 de abril de 2013 quedó marcado por un atroz ataque contra el Maratón de Boston. Dos detonaciones se registraron cerca de la línea de meta. El saldo inicial fue de tres muertos (uno de ellos, un niño de ocho años de edad), y más de 170 heridos. Las imágenes de varias personas ensangrentadas y algunas mutiladas de sus extremidades resultaron desgarradoras.

 

El ataque no pudo caer en peor día. Justamente otro 15 de abril, pero de 1989, cientos de aficionados del Liverpool FC (club del que soy aficionado a morir) fueron al estadio de Hillsborough, en Sheffield, para ver un partido de la FA Cup entre los Reds y el Nottingham Forest. Noventa y seis de ellos (entre mujeres, hombres y niños) no regresaron a casa, ya que se encontraron con la muerte en la infame grada de Leppings Lane.

 

Ambos acontecimientos tienen un punto en común: la estupidez sin escrúpulos del ser humano. Mientras en Boston dos individuos de origen checheno estuvieron detrás del ataque terrorista contra el Maratón, en Sheffield el desastre pudo ser menos grave de no ser por la incompetencia y negligencia policial de aquél entonces; incluso la policía de South Yorkshire trató de esconder sus fallas y atribuir la tragedia al hooliganismo de los propios fans del Liverpool.

 

Las matanzas de Boston y Hillsborough sólo vienen a ratificar lo que dijo el filósofo inglés del siglo XVII, Thomas Hobbes: ‘El hombre es el lobo del hombre’. La frase lo dice todo.

 

Particularmente, el ataque a la Maratón de Boston resultó un duro golpe a mi psique con efectos colaterales en el mismo, por la conexión hacia Liverpool en la fecha y el desenlace funesto. Pero ello a su vez invita a detenerse a escuchar el famoso himno de los Reds, You’ll Never Walk Alone.

 

Este tema contiene una enorme carga filosófica cuyos principios comparte con el ideal de vida de mis difuntos abuelos paternos. Mientras mi abuelito decía, ‘el mundo tiene que seguir su rumbo’, mi gallarda abuelita siempre nos impulsaba al decir, ‘no hay de otra, hay que seguir adelante’.

 

El recuerdo de mis abuelitos en su afán por empujarnos a todos los miembros de la familia hacia el frente, más la estupidez humana con el asunto de Boston, hicieron sacar de mi propio baúl de antecedentes las referencias de lo dolorosa que ha sido mi propia vida. De entrada, muchas veces he sido discriminado, incluso desde el nivel básico de la escuela.

 

¿Por qué he sido marginado? Por mi dieta. Soy vegetariano del tipo ovolácteo (sólo como derivados de la carne, pero no consumo ni res, cerdo, pollo o pescado) y así la he llevado por cerca de 29 años, al igual que mis padres. Sin embargo, la sociedad no ha sido tan tolerante.

 

Al no comer lo mismo que los denominados ‘normales’, he sido apartado y etiquetado como ‘raro’. Hubo quienes fueron más rudos y me auguraban una corta existencia en la Tierra. Una de esas personas fue una malvada maestra del quinto grado de primaria, quien me tildó de ‘desnutrido’ por no alimentarme igual que los compañeros y tener las manos frías. Por ello, decía que moriría pronto (en ese entonces tenía 11 años; hoy cuento con 30).

 

La actitud intolerante de esta profesora es la misma que he padecido de distintas formas por parte de otros miembros de la sociedad. Muchos creen que soy vegetariano por ‘vanidad’. Empero jamás he ido a gritar a los cuatro vientos, “soy vegetariano, y soy bien ‘nice’, mientras los demás son nacos!”

 

Hay una razón poderosa para llevar estar dieta (y no es por soberbia). He visto los estragos que puede causar la diabetes en la gente por algunos conocidos que viven amarrados a un frasco de insulina o que incluso ya les amputaron dedos de manos o pies. ¿Eso es vida?

 

Para tratar de librar ese infierno en la Tierra, mi padre indagó y descubrió que hay muchos platillos que no llevan carne. Por los derivados de la carne (leche, queso, crema), recibimos las mismas proteínas que si comiéramos como los ‘normales’. Además, se ha visto que no ingerir carne puede ayudar a mantener a raya a la diabetes. Y eso es lo que se busca, ser feliz. ¿Qué tiene de malo eso?

 

Lamentablemente, hay un problema de ignorancia y es más fácil creer que uno es así por presunción (‘creer’ no implica conocimiento y un prejuicio está compuesto por mitos). Pero jamás me he puesto a conminar a la gente a que coma lo mismo que yo. Respeto lo que otros quieran consumir, es su derecho.

 

Ya he referido que se me ha etiquetado de ‘raro o extraño’ y por ello varias veces ni me invitan a ciertas fiestas o convivencias. En otras ocasiones sí he sido invitado y luego no acudo. Reconozco que ello es un problema mío y que quizá debiera poner un poco más de voluntad para abrirme ante la sociedad. Sin embargo, es complicado. ¿Cómo confiar en la sociedad si ésta ha sido hostil con uno? Sería parecido a pedirle a una mujer golpeada por su marido a que vuelva a creer en él.

 

Bien lo decía el famoso físico Albert Einstein al referirse a los prejuicios. ‘¡Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio.’

 

El ser visto como ‘bicho raro’ ha derivado también en otras aristas. Hay personas que me han tomado como si fuera una vil máquina tragamonedas que con sólo accionar una palanca resuelve sus problemas.

 

Al respecto, cito el caso reciente de un muchacho a quien yo creía que era mi mejor amigo. Un día quedamos de reunirnos en un Sanborns, pero él nunca llegó y ni siquiera se dignó a comunicarse para ofrecer una explicación. Eso sí, días después estuvo muy atento para llamarme y pedirme pronósticos para llenar su quiniela de la NFL.

 

¡Maldita sea! Son esas situaciones las que no se pueden entender. Ni soy un ‘bicho extraño’ ni una máquina. ¡Soy un ser vivo que piensa, razona y siente! Tampoco tengo corazón de hielo o sangre de atole como algunos creen. Mi corazón palpita igual que otros, mientras por él pasa mi sangre, la cual es roja y caliente.

 

Podría odiar a la humanidad por todo el daño hecho. Es capaz de causar cientos de heridos (Boston), muertos (Hillsborough) o discriminar a minorías a partir de prejuicios (mi caso). Sin embargo, no lo haré. Mis padres me han enseñado a no ser vengativo, además, es injusto decir que toda la humanidad es absolutamente malvada.

 

Habrá aquellas personas que sí son dignas de alabanza por su inteligencia, bondad y tolerancia y con ellas se puede convivir de forma ideal. A final de cuentas, (y como decía Benito Juárez), ‘el respeto al derecho ajeno es la paz’, y ello nos hará libres.